es constitucional, no confundas

Periodista y acosada

La denuncia pública contra el congresista Lescano ha puesto al descubierto un tema oculto por décadas: el acoso que sufrimos las mujeres periodistas.

Publicado: 2019-03-06

La última denuncia de acoso que ha remecido al país involucra a un conocido congresista, Yohny Lescano, y a una periodista que ha solicitado que no se revele su identidad. En los chats publicados que sustentan la denuncian se evidencia una conversación de connotación sexual por parte de Lescano y respuestas que denotan incomodidad de parte de la periodista. Como ya todos sabemos, el congresista ha ensayado una excusa inverosímil para justificar estos mensajes. Pero también ha sacado a relucir otros en los que él hace insinuaciones y la periodista no tiene una respuesta contundente.

Durante su intervención en la Comisión de Ética en el Congreso en donde se debatía el inicio de una investigación en su contra, Lescano mal utilizó estos chats para “probar” que existía un vínculo amical y que todo lo conversado fue consensuado. Su estrategia de defensa se basó en la victimización alegando ser punto de ataque por intereses políticos, y en desacreditar a la denunciante señalando cosas superficiales como que “no es periodista porque no está titulada”.

Lo único que ha demostrado el congresista de Acción Popular y aspirante a la presidencia del Perú es que no tiene conocimiento de conceptos básicos como violencia sexual, relaciones de poder y consentimiento. Esto, claro, no demuestra necesariamente su culpabilidad, pero sí nos indica la percepción que tiene sobre las mujeres y las prácticas de socialización que utiliza con ellas.

Esta es la primera denuncia pública de acoso de una periodista, pero no porque esta práctica no sea habitual sino porque las mujeres que ejercemos esta profesión nos encontramos en una situación en donde hablar podría tener repercusiones graves en nuestra vida laboral y personal.

Las periodistas a diario nos enfrentamos a personajes públicos, celebridades, deportistas conocidos, figuras emblemáticas y fuentes importantes que nos acosan, fastidian e incomodan. Son pocas las posibilidades de defensa que tenemos porque el poder de ellos sobrepasa incluso a nuestros medios. Si una periodista de deportes es acosada por un importante y querido futbolista, ¿creen que cuenta con posibilidad de acción? Pues no, si aun así se atreviera a denunciar, lo cierto es que si el futbolista anota un ‘triplete’, el medio va a requerir de sus declaraciones y si la periodista se niega a cubrirlo, pues mandarán a otro. Lo único que habrá logrado es que se le cierren puertas. Lo mismo es para otras secciones: política, economía, espectáculos, etc.

Esto explica por qué a veces preferimos una sonrisa fingida y callamos. Denunciar es peligroso, no solamente porque puede excluirte en tu propio medio sino porque no estás segura ni siquiera si renuncias. El círculo periodístico es pequeño y las personas requeridas para ser entrevistadas casi siempre son las mismas: lo más probable es que te vuelvas a cruzar con tu acosador.

¿Qué sería lo recomendable? ¿cambiar de profesión? ¿Por qué somos siempre nosotras las que tenemos que asumir la carga de un acoso?

Por años, los acosadores han gozado de total libertad para violentar, pero eso puede cambiar con el Decreto Legislativo 1410. Lo que nos toca ahora es que tampoco puedan acceder a la impunidad social.


(Foto: elheraldo.com.ar)


Escrito por

Suiry Sobrino Verástegui

Periodista especialista en género, tuitera y activista contra el acoso sexual. @suiGnris


Publicado en

Sui Géneris

Temas coyunturales abordados desde una perspectiva de género.