es constitucional, no confundas

imagen: utero.pe

La hipocresía de los "defensores de la vida"

Publicado: 2016-04-08


En una sociedad en donde la violencia forma parte del paisaje, pareciera correcto y necesario formar parte de una movilización multitudinaria que rechaza el aborto en todos los casos. Pero, ¿cuál es la verdad detrás de esta iniciativa mal llamada “pro vida”? Intentaré explicarlo en el siguiente post.

Cuando ser mujer y pobre es una condena

Ya probablemente nadie lo recuerde, pero en el 2009 el Tribunal Constitucional falló en contra de la distribución de la llamada “pastilla del día siguiente” por el Ministerio de Salud. De esta manera, negó a las mujeres pobres la posibilidad de acceder al método anticonceptivo de emergencia. ¿Bajo qué argumentos se llegó a este fallo? Simple: No pudieron comprobar que la pastilla no es abortiva. A pesar de que la misma Organización Mundial de la Salud manifiesta lo contrario.

En fin, no nos sorprende que nuestro congreso, históricamente conformado por personas conservadoras, tome esta postura; lo que sí nos sorprende es que la pastilla sí puede ser comprada en una farmacia por un precio aproximado de 30 soles. En otras palabras: las mujeres con dinero sí pueden prevenir un embarazo no deseado, pero las mujeres pobres no. En nuestro país ya es complicado ser mujer, pero ser mujer y pobre es casi una condena.

Por eso, que ahora salgan algunos representantes “pro vida” a decirnos que hay otros métodos disponibles para evitar el aborto, como la pastilla del día siguiente, parece una burla. Desde el 2009 existe esta prohibición en la distribución gratuita, y no recuerdo que ningún “pro vida” haya intentado hacer algo para cambiarla. Entonces, ¿por qué lo proponen como solución?

Cuando la religión determina el futuro de las mujeres

No es un secreto que la mayoría de peruano se considera católico, pero según la constitución somos un país laico y nuestros congresistas deberían legislar a partir de esta premisa. Sin embargo, nada más ajeno a la realidad y pondré como ejemplo al abanderado de la lucha en contra del aborto: el congresista antes fujimorista y ahora de Alianza para el progreso Julio Rosas.

Este señor defendió en el 2013 el proyecto de modificación del “Nuevo Código de Niños, Niñas y Adolescentes”, que entre otras cosas eliminaba la obligación que tiene el Estado de brindar información que permita a los adolescentes mayores de 14 años disfrutar su sexualidad, y el derecho a acceder a servicios de salud sexual y reproductiva de calidad.

Es decir, se opone a la prevención de embarazos pero condena que se interrumpan los embarazos no deseados. Les quita las herramientas y los condena cuando llega el resultado.

Naciones Unidas determinó el embarazo adolescente como un tema de salud pública, lo que requiere el compromiso de todos los países de reducir la tasa de embarazo adolescente. Pero acá, todavía no implementamos nada. Se toca el tema sexual de manera superficial, y los colegios que sí desean implementar este cambio deben asociarse con organizaciones privadas como es el caso de el Colegio Nazareno de Pamplona Alta.

Cuando opinas sobre algo que nunca en tu vida te pasará

Es relativamente fácil decir “yo no abortaría” pero, ¿qué pasaría si eres tú quien sufre un violenta violación? ¿Qué pasaría si has sido violada sistemáticamente por tu padre, por tu abuelo?

La mayoría de mujeres hemos sido tocadas al menos una vez en nuestra vida, sin nuestro consentimiento; estamos familiarizadas, lamentablemente, con esa sensación de odio, repugnancia e impotencia con el que te quedas después de que hicieron algo en contra de tu voluntad. Si que te metan una palmada en el trasero produce todo eso, no podría precisar jamás lo que se siente ser violada. Si no puedo entenderlo, ¿cómo puedo opinar sobre las decisiones que toma una mujer en esa posición?

No es que los hombres no puedan opinar, pero es un poco mezquino unirse para condenar a una mujer violada que decide abortar, cuando tú bajo ninguna circunstancia pasarás por esa situación. El señor Rosas, el señor Lescano jamás quedarán embarazados producto de una violación.

Cuando la fecundación está por encima de tu proyecto de vida

En el discurso de los “pro vida” siempre está por encima el óvulo fecundado de la salud de la mujer. Escuchamos constantemente que no debemos condenar a la muerte a un inocente, lo que deriva en condenar a la mujer a una vida que ella no planeó. No solo un hombre vulnera su cuerpo sino el Estado se encarga también de vulnerar su proyecto de vida.

Los pro vida quieren salvar al óvulo fecundado y creen que así son buenos cristianos, sin importar que están torturando a una niña o adolescente a llevar por nueve mese el recuerdo de lo que les pasó. Acá no hay más víctima que la mujer violada.

Con esto no quiero decir que todas las mujeres violadas deberían abortar, sino que deberíamos respetar a las que sí quieren hacerlo.

Y no es solo mi percepción, sino también la postura de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que en el 2012 reconoció que los derechos del concebido no son absolutos sino graduales (punto 3.5).

No solo lo dicho la Corte Interamericana de Derechos Humanos sino también el Poder Judicial de nuestro país: “La protección del derecho a la vida- desde nuestra percepción- no puede rebasar -por encima de todo- la existencia de una mujer nacida, sujeta a derechos y obligaciones , con un proyecto de vida propio (...)”

Cuando dejan que las mujeres se mueran

Las mujeres abortan y es una realidad, sin importar que esté prohibido, sin importar que esté en contra de la religión. Es una realidad también que las mujeres mueren, de hecho, el aborto incompleto es la tercera causa de mortalidad materna.

Si tanto les molesta el aborto, deberían en primera lugar dejar que se prevengan los embarazos no deseados; y en segundo lugar, deberían limitarse a no abortar y dejar que las demás mujeres decidan sobre sus propios cuerpos.


Escrito por

Suiry Sobrino Verástegui

Periodista especialista en género, tuitera y activista contra el acoso sexual. @suiGnris


Publicado en

Sui Géneris

Temas coyunturales abordados desde una perspectiva de género.